Mi problema es el sexo
¿Cómo puedo arreglar esto?
Luego de una breve conversación sobre la vida de Mica, llegó el motivo por el que había venido a terapia.
“Mi problema es el sexo”.
No me sorprendió. Muchas de las personas que consultan conmigo hablan de sus relaciones y de lo que les pasa en su vida sexual.
Y, como suele ocurrir en estas conversaciones, Mica me preguntó “¿Cómo hago para arreglarlo y volver a funcionar?”
Lo interesante es que, como le ocurre a muchas personas, el problema no era el sexo en sí ni que su cuerpo hubiera dejado de funcionar. Cuando miramos un poco más allá, aparecieron muchas otras cosas que estaban pasando en su vida.
“Acabo de empezar un trabajo nuevo y la exigencia es tan grande que no puedo dormir”.
“Mi pareja me planteó la posibilidad de tener otra hija y yo no estoy de acuerdo con que sea ahora”.
“Mi pareja se sintió muy mal cuando no tuve ganas de compartir un momento íntimo”.
Y podría seguir con muchas otras frases que escucho con frecuencia cuando hablamos de sexualidad en terapia.
Muchas veces, el sexo es la punta de un iceberg, la parte visible de algo que nos empieza a incomodar y que no sabemos cómo resolver.
Muchas veces, para comprender una dificultad sexual, necesitamos mirar también lo que estamos viviendo y nuestra historia. Debajo de esa parte visible pueden aparecer nuestras ideas sobre el sexo, las experiencias que tuvimos, el momento que estamos atravesando, la relación con nuestro cuerpo, lo que aprendimos sobre las relaciones, lo que esperamos de nosotros mismos y lo que creemos que deberíamos poder hacer.
A veces también aparecen la inseguridad, el miedo a decepcionar, la sensación de no estar cumpliendo con lo esperado y la idea de que tenemos que responder de una determinada manera.
Poco a poco, el encuentro sexual puede empezar a sentirse como una prueba.
Tengo que poder. Tengo que responder. Tengo que cumplir. Tengo que hacer… y complacer.
Y cuando empezamos a vivir el sexo desde el “tengo que”, el cuerpo puede dejar de sentirse disponible. Aparecen el malestar y la incomodidad y, con el tiempo, el deseo puede empezar a apagarse.
Algo está fallando en mí.
Entiendo que, cuando empezamos a sentir que algo está fallando en nosotros, queramos encontrar una solución rápida a lo que nos pasa.
Pero ¿y si no se tratara solamente de hacer desaparecer el problema?
¿Y si también necesitáramos detenernos y mirar qué está ocurriendo a su alrededor?
¿Qué aprendí sobre el sexo? ¿Por qué tengo sexo hoy? ¿Qué espero de mí y de mis relaciones cuando se trata de sexo? ¿Qué lugar tiene mi deseo? ¿Puedo decir lo que siento y necesito? ¿Puedo contar lo que me está pasando? ¿Puedo compartir un encuentro íntimo sin sentir que tengo que cumplir?
La terapia sexual también puede ser un espacio para detenernos y mirar eso que no siempre se ve a simple vista.
Mica y yo no encontramos una única explicación. Tampoco convertimos su dificultad sexual en una falla de su cuerpo ni en un problema que estuviera “solo en su cabeza”.
Encontramos una historia, una relación, un cuerpo, unas expectativas, un contexto, una forma de vincularse y una manera muy personal de vivir la sexualidad.
Y quizás, poco a poco, la pregunta dejó de ser “¿Cómo arreglamos esto?” y empezó a transformarse en otra.
¿Qué me invita a mirar lo que está pasando con mi sexualidad sobre mí, sobre mi vida y sobre la forma en que me estoy relacionando hoy?
Quizás no siempre se trata de volver a “funcionar”, sino de comprender qué nos está diciendo eso que hoy nos incomoda y qué lugar queremos darle en nuestra vida y en nuestros vínculos.
Si sientes que algo de esto te está pasando, la terapia sexual puede ser un espacio para mirarlo con más calma y sin partir de la idea de que hay algo malo en ti.
Con cariño, Javi
Nota: Mica es un personaje ficticio. Esta nota reúne situaciones y reflexiones inspiradas en experiencias frecuentes en terapia sexual.


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