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Los vínculos que nos habitan

  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Actualizado: hace 18 horas


Si te preguntara por tus vínculos, probablemente pensarías primero en las personas importantes de tu vida, tu familia, tu pareja, tus amigos o quienes han acompañado tu camino.

Pero, ¿alguna vez te has preguntado cuántos vínculos habitan realmente tu vida?


Existe el vínculo con nuestro cuerpo. Con nuestras emociones. Con nuestra historia. Con el placer. Con quienes fuimos, con quienes somos hoy y con quienes vamos eligiendo en el camino.

En el fondo, podríamos decir que vivimos en relación.


Quizás por eso, en terapia, rara vez una conversación ocurre aislada de los vínculos. Incluso cuando alguien consulta por ansiedad, por una dificultad sexual, por un conflicto de pareja o por un momento de crisis personal, tarde o temprano aparecen preguntas sobre la forma en que aprendió a relacionarse consigo mismo y con los demás.


Últimamente escucho con frecuencia frases como: “Tengo que aprender a estar solo”, “No quiero depender de nadie” o “Primero tengo que amarme para poder amar a otros”.

Entiendo de dónde viene. Vivimos en una cultura que valora profundamente la independencia y la autosuficiencia.

Y, al mismo tiempo, me pregunto si a veces hemos confundido autonomía con aislamiento.

Los seres humanos nacemos profundamente dependientes. No solo porque necesitamos que alguien nos alimente o nos cuide para sobrevivir, sino porque también aprendemos quiénes somos a través de los vínculos. Aprendemos a reconocer nuestras emociones cuando alguien las acoge. Aprendemos a confiar cuando alguien resulta confiable. Incluso la forma en que nos hablamos a nosotros mismos suele estar influida por las relaciones que nos ayudaron —o no— a sentirnos vistos y valoradas.

Por eso, más que preguntarme cómo dejar de necesitar a los demás, me gusta preguntarme otra cosa:

¿Cómo podemos construir vínculos donde sea posible depender sin perder nuestra autonomía?

No creo que el desafío sea no necesitar nunca a nadie. Creo que el desafío es construir relaciones donde el cuidado, la libertad y la responsabilidad puedan convivir.

Esa es, en gran parte, la mirada desde la que entiendo mi trabajo como psicóloga y terapeuta sexual y de pareja.

Y también es una de las razones por las que hoy me sumo a Almas en Danza.

Cuando Fernanda creó este espacio, imaginó un lugar donde detenernos a mirar nuestra experiencia con más calma, más curiosidad y menos juicio. Con el tiempo descubrimos que, aunque nuestros caminos profesionales son distintos, compartimos una misma convicción, las personas no caben en una etiqueta ni en una explicación única.

Por eso quiero que este espacio sea una invitación a pensar juntas.

No para encontrar respuestas universales, sino para comprender que muchas de las formas en que hoy nos relacionamos tuvieron un sentido en algún momento de nuestra historia. Y que, precisamente porque fueron aprendidas, también pueden transformarse.

Gracias por estar aquí.

Me alegra comenzar este camino contigo.

Javiera Ossandón

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